Se imprime la primera Novena al Señor de Esquipulas

Con la llegada de la imprenta a Guatemala durante el obispado de Fray Payo Enríquez de Ribera en el año 1660 se comenzó a publicar una serie de libros de instrucción religiosa. En el caso de Esquipulas los milagros, obrados por mediación de la imagen santa de Esquipulas, se fueron divulgando en principio de boca en boca y promulgados en reuniones de gente devota que los transmitía de generación en generación hasta el momento en que fueron escritos y publicados, fue el paso de la tradición oral a la escrita.

La llegada del Padre Nicolás de Paz como Vicario de la Parroquia de Santiago será muy significativa en la historia Esquipulas ya que a él debemos la recopilación, investigación, escritura e impresión de la primera novena dedicada al Milagroso Señor de Esquipulas. Con la impresión de esta novena el Padre Nicolás deseaba que se divulgara el culto al Señor Jesús mediante la práctica de oraciones muy hermosas, alabados llenos de unción y fe y la consideración de los milagros más importantes obrados hasta la fecha por el Señor. Parte importante también de la novena era aportar datos ciertos sobre el origen de la devoción y de la imagen misma . La finalidad específica de esta novena, al igual que todas las del mismo género, era preparar la festividad patronal de dicha devoción, en este caso, del Milagroso Señor de Esquipulas.

Fue así como en el año 1723 se imprimió en la Ciudad de Santiago de Guatemala la primera novena que muy poco tiempo se divulgaría por toda la región. Una característica muy particular de esta novena es que contiene la primera referencia oficial a los milagrosos sucedidos en el Santuario de Esquipulas desde el año 1603 hasta la fecha de su impresión. Estos testimonios de los portentos extraordinarios sucedidos en Esquipulas conmovieron profundamente la fe de los católicos que en número cada vez más grande peregrinaba al Santuario de Esquipulas y postrarse en adoración al Señor e implorar los dones de su amor.

También en esta novena encontramos la información en la que se refiere que para juntar los fondos necesarios para el pago de la hechura del Santo Crucifijo a Quirio Cataño los pobladores de Esquipulas sembraron ese año un algodonal con el cual pagar dicho compromiso. Así lo expresa el padre Nicolás en su novena:

“…se pagaron por la imagen cien tostones, que los indios pagaron en algodón, y el sitio en que se sembró, quedó hecho fecunda amenidad de flores, y matiz hermoso de fragancias: y este es el mismo lugar en que se ha fabricado el nuevo y suntuoso templo”:

La Novena, sencilla en su impresión, marcó una etapa decisiva en la difusión del culto al Señor de Esquipulas, tanto así que cuando el Padre Miguel Muñoz en 1827 escriba la siguiente Novena se basará casi totalmente en la escrita por el Padre Nicolás de Paz.

El Acto de Contrición con el que comienza la novena nos muestra la profundidad espiritual que ya era característica en los devotos del Señor de Esquipulas:

“Jesús Crucificado, postrado a tus pies el más ingrato pecador, te pide perdón y misericordia de haberte ofendido con tantas culpas. A mí me pesa, me pesa, mi Jesús de haber pecado. ¡Quién hubiera muerto mil veces antes de haber ofendido a tan Soberana Majestad! Propongo la enmienda de mi vida. Te doy palabra de confesar todos mis pecados, sin callar alguno: de apartarme de todas las ocasiones y peligros de ofenderte; y hacer esta Novena agradable a tus divinos ojos, dándome tu divina gracia. Confío en vuestra misericordia que me has de perdonar y conceder lo que te pido en esta Novena. Pequé, dueño de mi alma, misericordia, Jesús Salvador del mundo: misericordia, Señor. Viva tu fe, viva tu amor, viva tu gracia. Amén.”

Termina la novena con un alabado bellísimo a Cristo Crucificado:

Bendigamos y alabemos
a Cristo Crucificado,
pues por nuestro amor le vemos
de pies y manos clavado.

Por nosotros ha sufrido
espinas, llagas y cadenas
y en la cruz todo herido
ha muerto lleno de penas.

Digamos, pues, con dolor,
por haber la causa sido:
ya no más pecar, Señor,
nos pesa haberte ofendido.

Y pues eres Salvador,
y Padre de gran clemencia,
esperamos de tu amor,
no morir sin penitencia.

Recibid nuestros sentidos,
alma, vida y corazón,
que humildemente rendidos,
todos pedimos perdón.

Jesús, y Santa María,
Ana, Joaquín y José,
sean siempre nuestra guía,
alumbrando nuestra fe.

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